La niña que se creia guerrera...

11 de diciembre de 2008

Y esta historia empieza por su final…

En su alma un vacio y en la cara de el cicatrices de guerra. Arduas batallas liberadas contra la nada, la existencia de todo que al final converge conmigo. No sabemos entonces cual es el kamikaze, el desertor o el mártir, pero ¿Qué más da? Dejemos la incógnita para otra escena.

Ella lo sigue ciegamente ya que el abrió en su alma un cajón de la firma pandora y no tiene ni puta idea de lo que hará ahora! Y escribe a duras penas porque las sombras que rondan su insomnio morirán de un enfisema si prende otro cigarrillo; y sobre su cabeza silban calumnias que con puño y letra trata de driblar. Pero no te alteres que sus manos son fuertes y puede todavía escribir sonetos, coplas, cuentos y epistolarios, todos a su nombre…

Fíjate que ahora vemos al caballero desertarla, lo bombardearon de recuerdo y ella no era una princesita azul, solo llevaba una margarita en el pelo. Ésta entonces sucumbió al olvido, que como dijo Sabina algún día, fue su único amor correspondido, pero supo actuar antes de que el invierno carcomiera su culpa; se deshizo de las maletas del abandono y regreso a buscarlo. Supo que era digno de su batalla, no era nadie más que él, porque su ausencia amortajaba su existencia como un lunes arbitrario y pagano.

De pronto escampó, empapados se vieron en el ojo del huracán, los acompañaban una foto amarilla y un corazón oxidado e indeciso, las ganas de hundirse en un balance de sueños, aspiraciones convertidas en realidad y la belleza de lo cotidiano. Allí sin saber que hacer marcharon, no se sabe ni si hacia adelante o ni hacia atrás, allí donde ya nada era urgente donde siempre era presente, allí ella no pidió más de lo que él pudo dar, allí donde finalmente los sentidos sintieron sin miedo, allí fue donde esta historia se digno empezar

Pero no te aflijas al leer esta historia, que aunque finalmente empiece o termine empezando…Mientras se encuentre en sus manos, ella le dará su pan, sus noches, su angustia y su risa a aquel personaje de guerra estancada que no pasa con los días, algunas veces viva pero otras veces se le va la vida buscando motivos para arañarle el corazón, para que entienda que no se puede ser kamikaze sin Dios o sin patria, que el amor eterno a veces dura lo que un corto invierno y que no se debe desertar al pasado pero es que a veces el futuro ha de necesitar un mártir…

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